¿de que hablamos cuando decimos chicos en situación de calle?

Antes de comenzar un análisis relacionado a las formas en la que estos niños crecen y se desarrollan es importante en primer lugar hacer una distinción entre el concepto “chicos de la calle” y “chicos en situación de calle”. La primer conceptualización le niega al niño las características propias de su infancia, él pertenece a la calle. Se le quita su historia, su singularidad, se lo estigmatiza y se lo petrifica en un lugar de donde es difícil o imposible salir. La sociedad, por su parte, lo condena, les teme o los victimiza y se relacionan con ellos a partir de preconceptos estigmatizantes. Al mismo tiempo ellos son absolutamente concientes de esas representaciones a las que están sujetos y en algunos casos se aprovechan de ellas. Ocupan el lugar que se les asigna. Así vemos como en las estaciones de trenes o en cualquier otro lugar en donde los encontremos, los más pequeños, los más minusválidos, los exponentes mas claros de la pobreza son los actores privilegiados, mientras que los mas grandes son los que se encargan de organizar el trabajo. Esta mirada fenoménica, aparente y superficial de los niños en situación de calle se traduce en una limitación en la forma de entenderlos, se los ve como menores abandonados, pequeños trabajadores, delincuentes, victimas de los errores de los adultos, de la violencia familiar, “se los percibe como objetos de piedad o adultos terroríficos presos en cuerpos infantiles”

Hablar de “chicos en situación de calle” implica reconocer a estos niños como sujetos de derechos, situados en un espacio físico particular, la calle, atravesado por las circunstancia de la época que les toco vivir. Es decir, son ante todo niños y circunstancialmente están en la calle. Su situación de calle puede estar condicionada a una estrategia de supervivencia familiar e individual.

Sin embargo esto no justifica su situación, no se trata aquí de hacer un simple distinción conceptual. De lo que se trata, es de conocer para intervenir. Profundizar acerca de estos chicos, de las condiciones materiales que los determinan o condicionan, de saber acerca de sus representaciones y de la propia sociedad en relación a ellos, significa pensar una intervención más efectiva que apunte a una solución integral del problema.

Según la Dirección General de Niñez y Adolescencia dependiente del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, existen aproximadamente 4000 chicos en situación de calle. Sin embargo, son cerca de 600 los que duermen en la calle. El resto vuelve a sus casas localizadas en el conurbano bonaerense, en su mayoría en la zona sur y oeste (Lomas de Zamora, Florencio Varela, Moreno, Merlo). “conforman un grupo heterogéneo: hay chicos y chicas que todas las noches vuelven a sus casas, otros que solo lo hacen esporádicamente... y otros que han roto los lazos que los unen a las familias de origen y viven en la calle” .

Sus familias son numerosas, en su mayoría monoparentales, y en los casos en los que conviven ambos padres se presentan situaciones de violencia tanto conyugal como así también hacia los chicos y chicas.

El nivel adquisitivo de las mismas es muy bajo, las viviendas son precarias padeciendo en muchos casos situaciones de hacinamiento. La gran mayoría de estas familias se encuentran desempleadas, excluidas del mercado laboral, teniendo como ingresos para sostener el hogar solo un subsidio o plan del gobierno.

La situación de calle de los niños muchas veces esta relacionada a diferentes circunstancias. En primer lugar, puede aparecer como una estrat egia de supervivencia vinculada al ámbito familiar, relacionada a tareas como el cartoneo, limpiavidrios, mendicidad, venta ambulante, etc.

Muchos son niños sometidos a la explotación de los adultos o de sus pares.
En este punto merece una distinción especial la prostitución infantil aunque no necesariamente esta ligada al sometimiento de los niños a los adultos. En muchos se constituye en una estrategia propia de los chicos.

Los recursos obtenidos son en algunos casos utilizados para el ingreso familiar, otras como para la supervivencia individual y para el consumo de drogas tales como el pegamento, el paco, en algunos casos cocaína (para los mas grandes y cuando el dinero lo permite).


 
 
 

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